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Idan Cabello,Ingeniero de Higiene y Seguridad IndustrialMaestría en Gestión de Riesgos en Francia -
Antonio Attias,Experto en desarrollo organizacional y liderazgoMaster en Ingeniería Ambiental y Nuclear (Texas A&M)Master en Planificación (USB)
Las palabras “NECESITO”, “PUEDO” y “DEBO” son utilizadas de manera cotidiana y son de uso común, más, sin embargo, su definición y diferencia, es algunas veces incomprendida.
La comprensión de cada palabra conlleva a las decisiones que guían las vidas de las personas y las organizaciones, por ejemplo, la responsabilidad de existir o generar empleo.
Veamos estas definiciones de acuerdo con el diccionario de la lengua:
- Necesitar: del latín “necessitas”, y este de “necesse” (“inevitable”), el prefijo “ne” significa “no” y el verbo “cederé”, significa “parar”. Lo que significa “no parar”, es decir, algo que persigue una persona u organización sin detenerse hasta alcanzarlo.
- Deber: del latín “debere”, y este de «dehibere» compuesto por el prefijo “de” que quiere decir “privación” y del verbo “habere” que significa “tener”. Se entiende entonces, como la idea de una obligación y compromisos adquiridos.
- Poder: del latín “potere”, y este de “posse”, interpretándose como la posibilidad y por ende la capacidad para realizar lo que uno se propone.
Con relación al PODER, entendido como la acción que es ejercida sobre los seres humanos por los mismos seres humanos, consideramos que el primero de los poderes concierne entonces a uno mismo, en el caso de una persona se podría denominar (si se nos permite y para simplificar tan compleja definición) el “autocontrol” y en el caso de una organización se puede llamar “producción segura”
Dicho esto, y enfocándonos en las empresas, nacen unas preguntas lógicas:
¿Podríamos llamar a esta “producción segura” como un DEBER más allá del PODER?
¿O esa “producción segura” va más allá y es una NECESIDAD?
Por esta razón, afirmaremos que cualquier preferencia, entendimiento, discrepancia o desequilibrio entre alguno de estos conceptos, reduce el sentido de responsabilidad y aumenta el riesgo de que se cometan y hasta de que se auspicien y/o permitan, conductas y acciones irresponsables.
Pero ¿qué es la RESPONSABILIDAD?
Es la capacidad de responder por nuestros derechos y deberes ante los demás. Es tener el poder de dar la cara y asumir las consecuencias de nuestra conducta y nuestros actos.
Reclamar nuestra condición de ser una persona o empresa responsable implica defender nuestros derechos y cumplir con nuestros deberes en busca del equilibrio: “Aplicar el poder, para cubrir las necesidades de la sociedad, y así cumplir nuestro deber dentro del esquema social en el cual nos desempeñamos”. Esta es nuestra responsabilidad.
Al aplicar esta definición de responsabilidad a la situación actual en el Perú, vemos que tenemos muchos escenarios dignos de análisis.
Como ejemplo, el caso del nuevamente actualizado alcance de Población de Riesgo (*).
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Reflexiones como profesionales de la Seguridad y Salud en el Trabajo:
- Debemos comprender que existen marcadas preferencias a nivel personal u organizacional por alguno de estos conceptos, lo cual, sin duda impacta en el sentido de la responsabilidad y de rendición de cuentas. Esto implica un trabajo adicional de nuestra parte para mantener, siempre, el equilibrio.
- Tenemos nuevos desafíos para gestionar los riesgos a la salud física y mental que emergerán en los nuevos entornos de trabajo.
- Es momento de demostrar nuestro valor agregado, pues podríamos asegurar que las empresas con áreas de seguridad creativas, innovadoras, competentes e inteligentes son las que lograrán mantener la competitividad de sus empresas en el mercado.
- Importante acotar que además de lo aquí analizado, aparece el “quiero” como un nuevo elemento dentro de la ecuación que debemos mantener en equilibrio, ya que hay personas que no acatan normas y reglamentos, y no porque sea necesario, sino porque simplemente “quieren”, como parte de un ejercicio malentendido del poder.
(*) Grupos de Riesgo:
Conjunto de personas que presentan características individuales asociadas a mayor riesgo de complicaciones por COVID-19. Personas mayores de 65 años o quienes cuenten con comorbilidades como: hipertensión arterial, diabetes mellitus, enfermedades cardiovasculares, asma, enfermedad pulmonar crónica, insuficiencia renal crónica, cáncer, obesidad u otros estados de inmunosupresión”.
Referencia: R.M. N° 283 – 2020 – MINSA
Imagen de portada: https://bfmbusiness.bfmtv.com/observatoire/ce-que-les-singes-nous-apprennent-en-economie-1034501.html
