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Invitado: Joel Manuel Caceres Paredes - Abogado laboralista por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Ha estudiado el master de Política Social, Trabajo y Bienestar por la Universidad Autonoma de Barcelona, y las maestrías de Derecho Constitucional y Derechos Humanos, y de Epistemología, ambas en la UNMSM.
Reflexiones sobre los trabajos y usos de tiempos de hombres y mujeres para una agenda de política pública en Perú
El pacto entre capital y trabajo que se dio en la primera mitad del siglo XX y que permitió el nacimiento de las normas de protección de los trabajadores se sustentó en una concepción de trabajo de matriz obrera y, esencialmente, masculina. La gran fábrica de trabajo industrial fordista y el modelo familiar del varón sustentador del hogar legitimaron dicha situación.
Pese a los cambios que se han presentado en la realidad económica y social, la concepción de la actividad trabajo aún está determinada por el filtro del mercado. A esta concepción se le denomina “empleo” o “trabajo productivo”, la cual, sin embargo, no toma en consideración al denominado “trabajo doméstico”, “trabajo de cuidados” “trabajo reproductivo”, el cual “comprende las actividades destinadas a atender el cuidado del hogar y de la familia” (Carrasquer, et al, 1998: 96).
Entonces, todo análisis de la realidad social entre hombres y mujeres en el mercado de trabajo y las desigualdades subyacentes debe partir de la diferencia entre el “empleo”: actividad productiva, propio del mercado de trabajo y el “trabajo”: actividad que incluye el empleo e incorpora el trabajo reproductivo o de cuidados.
¿Y por qué esto es importante? Porque si nos enfocamos en los tiempos sociales utilizados para el trabajo de hombres y mujeres, apreciamos que en la actualidad estas prioritariamente mantienen una doble presencia: en el mercado de trabajo (trabajo productivo) y en el hogar (trabajo reproductivo).
Y esta doble presencia femenina explica, entre otras razones, el sostenimiento de las desigualdades por razón de género, tales como: i) la segregación horizontal u ocupacional, es decir, el hecho de que las mujeres ocupan puestos, dentro de los imaginarios culturales, “feminizados”, los cuales socialmente y económicamente se encuentran menos valorizados (OIT: 2016); y ii) la segregación vertical, esto es, que en los casos en que las mujeres ocupan puestos de trabajos no “feminizados” se produce una brecha salarial en comparación con el trabajo realizado por los hombres.

| El Perú no es ajeno a la situación de la doble presencia. Así, de acuerdo con a los resultados de la Encuesta de Usos de Tiempo del 2010, las mujeres trabajan 9:15 horas a la semana más que los hombres (considerando el trabajo remunerado y el trabajo no remunerado). |
¿Y porque las mujeres realizan más trabajo doméstico? Las razones son, principalmente, de carácter histórico y cultural. Históricamente el trabajo doméstico ha sido desvalorado por la sociedad al considerarse no cualificado. Así, se parte del supuesto de que la mayoría de las mujeres son de por sí, de manera innata, capaces de desempeñar en las tareas que conlleva, y enseñan en el hogar las correspondientes competencias a otras mujeres (OIT, 2009: 7). Ello aunado al hecho de que el trabajo doméstico tiene detrás una historia de colonización (y post colonización) y de discriminación con tres dimensiones clave para su comprensión: la dimensión de clase, la de etnicidad y la de género (OIT, 2013).
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Sobre el particular, es importante anotar que pese a su desvaloración histórica, para la sociedad el trabajo reproductivo es una de las actividades más relevantes, en tanto permite o facilita las actividades económicas fuera del hogar, es decir, en el mercado de trabajo (formal o informal) (OIT, 2009: 1). Así pues, los trabajadores domésticos representan hoy día una amplia cuota de la fuerza de trabajo, sobre todo en los países en desarrollo, y ha seguido aumentando incluso en el mundo industrializado (OIT, 2009: 1). Ejemplo de ello, es la representación de dicha actividad en las cuentas nacionales que conforman el Producto Interno Bruto (PBI), el cual para el caso del Perú comprende el 20.4 % del PBI. |
¿Y cuál es la respuesta de las políticas públicas respecto a esa situación? En el Perú ninguna. Así, por ejemplo, de la revisión del Plan Nacional de Igualdad de Género (PNIG) no existen medidas vinculadas con los la distribución de democratización de las cargas del trabajo doméstico ni con la distribución de los tiempos dedicados al trabajo entre hombres y mujeres. De ahí que resulte necesario replantear las medidas propuestas por el PNIG para no seguir perpetuando las desigualdades entre hombres y mujeres.
En tal sentido, consideramos que para atender la problemática de las desigualdades que se generan en función a la actividad trabajo entre hombres y mujeres, la política pública debe tomar en consideración dos ejes transversales:
i) el reconocimiento y valorización del trabajo de cuidados en la sociedad: Aquí, se pueden proponer medidas de promoción para que en los espacios públicos se pueda reconocer la importancia del trabajo de cuidados. Por ejemplo, establecer mejoras de oportunidades para las empresas que realicen buenas prácticas vinculadas con el reconocimiento del trabajo de cuidados de sus trabajadores, la realización de talleres de sensibilización a cargo de las municipalidades o los ministerios para comprender la importancia del trabajo reproductivo, el reconocimiento de años de servicios para efectos de la seguridad social a las personas que realizan el trabajo reproductivo, entre otras medidas similares.
ii) la democratización de la realización de dichos labores tanto para hombres como para mujeres: aquí, se puede plantear que el uso de la licencia parental (licencia de maternidad y paternidad) compartida de forma equitativa entre ambos padres (respetando un periodo mínimo a favor de la madre para la propia actividad de alumbramiento y las consecuencias de salud inmediatas de este).
Referencias:
CARRASQUER, Pilar et al. (1998). El trabajo reproductivo. Papers 55, 95-114.
ORGANIZACIÓN INTERNACIONAL DEL TRABAJO (2016). Las mujeres en el trabajo. Tendencias de 2016. Ginebra: OIT.
ORGANIZACIÓN INTERNACIONAL DEL TRABAJO (2013). Trabajo doméstico remunerado en el Perú. Situación y perspectiva en función del Convenio 189 y la Recomendación 201 de la OIT. Lima: OIT.
ORGANIZACIÓN INTERNACIONAL DEL TRABAJO (2009). Trabajo decente para los trabajadores domésticos. Ginebra: OIT.
Imagen de portada: (Ikon Image) https://www.lavanguardia.com/
