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Romel Francisco Ullilen Marcilla,Especialista en Ergonomía y Mejora de Procesos
¿Sientes dolor en la mano o la espalda después de atender varias clientas? No es casualidad, es una señal de alerta. Es el resultado de un trabajo realizado en el sector manicure el cual es cada vez más exigente, pero al que aún se le presta muy poca atención.
El sector de manicure constituye una actividad laboral que implica movimientos repetitivos constantes de los miembros superiores, así como posturas estáticas prolongadas de la espalda. Además de las exigencias físicas, el trabajo requiere un alto nivel de precisión y destreza manual para ejecutar diseños detallados y creativos.
Más allá de una aplicación técnica:
Actualmente, ofrecer este tipo de servicios involucra múltiples aspectos que van más allá de la aplicación técnica de la manicure. Desde la preparación previa de los materiales, la organización de las citas y el ambiente del salón, cada detalle influye en cada etapa del proceso, tanto en la calidad del servicio, y, principalmente, en la carga de trabajo de la manicurista.
En este contexto, la coordinación entre la manicurista y la persona encargada de la agenda laboral constituye un elemento clave. Esta interacción permite a la trabajadora estimar el tiempo necesario para cada servicio, evaluar la complejidad del diseño solicitado por la clienta y determinar su viabilidad dentro del tiempo programado. Una gestión coordinada no solo optimiza la acción del trabajo, sino que garantiza la calidad de éste y el delicado cuidado de las manos de las clientas.
Al ingresar al salón, cada clienta proyecta diversas emociones o expectativas respecto al servicio. La capacidad de la manicurista para identificar y comprender estas señales es una habilidad relevante, ya que define la interacción durante la atención y la forma en la que se desarrolla cada etapa del proceso. Por ejemplo, una clienta estresada o con rigidez corporal puede generar dificultades durante la atención, obligando a la manicurista a ejercer un mayor esfuerzo físico y de control durante el procedimiento, debiendo aplicar mayor fuerza al momento de sujetar o estabilizar el antebrazo o la mano de la clienta.
Por otro lado, el uso de dispositivos como el celular, la laptop, los audífonos durante la atención puede generar distracciones en la clienta, lo que afecta la coordinación necesaria entre los movimientos de la manicurista y la postura de la clienta. Este tipo de trabajo requiere una dinámica de interacción constante y coordinada entre ambas partes para garantizar precisión, seguridad y calidad en el servicio.
Desarrollo de estrategias para reducir la fatiga:
La mayoría de las trabajadoras desconoce los principios básicos de la biomecánica, lo cual contribuye a la aparición de molestias o lesiones musculoesqueléticas con el tiempo. A pesar de ello, muchas han desarrollado estrategias empíricas para mitigar la sobrecarga física y la fatiga. Acciones como regular la altura de la silla o evitar alejar excesivamente los brazos del cuerpo al utilizar las herramientas demuestran una adaptación intuitiva al entorno. No obstante, la postura del cliente, los movimientos que realiza a menudo pueden convertirse en obstáculos que dificultan la aplicación de las buenas prácticas de manipulación.
“Muchas manicuristas creen que el dolor es parte del oficio”, sin embargo, este es en realidad la consecuencia de un sistema de trabajo mal diseñado. La variabilidad emocional de las clientas, la rapidez del trabajo, las condiciones de las uñas (débiles, sensibles o con patologías) actúan como factores críticos que incrementan la complejidad del servicio, acompañados de la carga física y mental permanente.
La productividad y la salud de la manicurista:
El trabajo de la manicurista implica permanecer largos periodos en posición sentada, lo cual forma parte de la naturaleza de la tarea. Asimismo, en muchos casos el nivel de ingresos económicos depende directamente de la cantidad de clientas atendidas durante la jornada. Esta dinámica del mercado genera que las pausas entre una atención y otra sean mínimas, especialmente cuando los tiempos planificados no se cumplen debido a retrasos o imprevistos durante el proceso del servicio.
En este contexto, el sector laboral requiere una mayor atención, considerando además las expectativas de crecimiento del mercado y el incremento de la competencia. Esta situación ha generado una alta rotación laboral, donde algunas trabajadoras no logran adaptarse al ritmo de trabajo exigido, mientras que otras buscan mejores condiciones salariales o deciden independizarse a través del emprendimiento. Esta rotación impacta directamente en la organización del trabajo, dificultando la estandarización de los procesos y la consolidación de prácticas eficientes y seguras en del servicio.
Reflexión:
Debemos de considerar que el dolor no es parte natural del oficio. Es el resultado de un sistema de trabajo que no ha sido diseñado para cuidar a la manicurista. Si este sector aspira a un crecimiento sostenible y responsable, no puede hacerlo a costa del desgaste físico y mental de quienes lo sostienen.
